jueves, 18 de diciembre de 2008

LA MASACRE DE LAS BANANERAS DE 1928 EN COLOMBIA

El Movimiento por la defensa de los derechos del Pueblo MODEP se une a la conmemoración de los ochenta años de la huelga y la masacre de las bananeras, como parte de las luchas del pueblo en contra de la dominación extranjera y en la búsqueda de una nación autónoma y soberana. Acontecimientos de la historia del pueblo colombiano, como el ocurrido en Ciénaga (Magdalena) a finales de 1928, son una muestra de cómo las clases dominantes colombianas, defendiendo sus propios intereses y los del imperialismo principalmente norteamericano, acallan a sangre y fuego las justas luchas populares.

Los obreros del enclave imperialista de la United Fruit Co., habían reclamado repetidas veces (1918 y 1924) la mejora de sus condiciones laborales, recibiendo a cambio el desprecio y el desconocimiento por parte del gerente y el Estado colombiano, por esta razón decidieron iniciar una nueva huelga, entre su pliego estaba: Seguro colectivo obligatorio para los empleados y obreros de la Compañía, protección a accidentes de trabajo, habitaciones higiénicas, aumento de salarios, pago por semana vencida, creación de contratos colectivos incluidos en la nómina de la empresa, hospitales dotados de medicamentos e instrumental quirúrgico y asignación de un médico por cada 400 trabajadores y descanso dominical. El gerente de la empresa Thomas Brad Shaw, no recibió la delegación obrera precipitando la huelga el día 12 de Noviembre de 1928 a las 6 AM de la mañana.

La United Fruit Co tenía su propio ferrocarril, puertos naturales, territorio, población y policía. Las condiciones de trabajo eran impuestas por la compañía; sin contratación directa, eran cuadrillas de macheteros con un intermediario. Con versiones difamatorias el gobierno y la United Fruit Company convirtieron las víctimas que eran los trabajadores, en victimarios; así lo ratificó el informe del gerente de la empresa en Santa Marta, quien dirigiéndose al gobierno colombiano le pidió ayuda, alegando que eran una compañía industrial que había desarrollado sus intereses en nuestro país, aportando e incrementando la riqueza nacional y que en ese momento se estaban viendo afectados por la actuación de los obreros que supuestamente saboteaban la producción.

La huelga dio a lugar al coplerio popular:

“La huelga es cosa hecha
Con un pueblo, bueno y fiel
Y nuestros jefes: Mahecha
María Cano y Coronel.

En todas las plantaciones
Aliviaremos las cargas
Y daremos coscorrones
Al general Cortes Vargas”.

DIRIGENTES DE LA HUELGA

Los dirigentes de la huelga eran: Alberto Castrillón, Raúl Eduardo Mahecha, Erasmo Coronel, María Cano y en momentos Ignacio Torres Giraldo.

La respuesta del gobierno se manifestó a través del Ministro de Guerra Ignacio Rengifo quien pone a disposición de la United Fruit Company los recursos militares disponibles en ese momento. El ánimo de los obreros estaba alto a pesar de los rumores de que además de tropa, era posible una invasión yanqui. Así la cantaron los decineros:

“Que nos invada el tio Sam
Es un grito hecho temor
En la zona Bananera.
Con patriotismo, valor
Y abundante balacera
O dejemos que extranjeros
Pisen tierra en esta tierra
Pa´volarles el sombrero
Con la rula bananera”

El 1 de Diciembre se leyó el decreto de la Gobernación del Magdalena que consideraba vagos a los que no trabajaron, lo que originó amotinamientos en Orihueca. En la zona hicieron presencia por lo menos 8000 huelguistas, hombres, mujeres y niños, con poca alimentación y dinero. Grupos de obreros desarmaron varias veces patrullas militares en cercanías a Sevilla. El dirigente de más ascendencia popular casi mística fue Mahecha.

Estos acontecimientos serán la antesala al fatídico 6 de diciembre de 1928, día que deberá ser recordado por Colombia entera. Los hechos ocurridos ese día se explican mejor con las declaraciones de quienes vivieron en carne propia la sangrienta represión de las fuerzas del Estado, uno de los testimonios que más adecuadamente reflejan los sucesos de ese día, es el de Sixto Ospina Núñez un participante de los hechos quien dijo: "El cinco de diciembre llegó la noticia de que el gobernador llamaba a los trabajadores a concentrarse en la plaza de Ciénaga para arreglarles lo del pliego. La gente fue desfilando desde todos los sitios de la zona hacia Ciénaga. La plaza se llenó..". Ese relato demuestra que los huelguistas se encontraban en disposición de llegar a un acuerdo justo entre las partes.

Según el testimonio de Santander Alemán había cerca cinco mil manifestantes, y entre la multitud se encontraban algunas personas de la United Fruit Company, quienes pagaban a varios individuos para que se dedicaran a botar las provisiones alimenticias de los huelguistas en un caño.

PLAZA DE CIENAGA

Las personas que le pagaban a los saboteadores fueron advertidas de la futura ejecución de la masacre que ocurrió en las horas de la noche, por ello decidieron tomar un barco hacia Barranquilla, la multitud al darse cuenta de esto los detuvo y posteriormente los golpearon, pero el líder sindical Raúl Eduardo Mahecha intervino para evitar el linchamiento. También relata Santander Alemán que en horas de la tarde llegó a Aracataca el general José del Rosario Durán, quien iba para Santa Marta junto con una comisión con el fin de hacer una conciliación en lo referente al pliego. Santander se unió a ellos y entonces decidieron emprender el viaje; durante el trayecto observaron como el gobernador y su comisión eran abordados por un grupo de empresarios bananeros de la región quienes falsamente les aseguraron que los huelguistas se habían tornado agresivos y los iban a matar al llegar. Mientras tanto los huelguistas seguían esperando en Ciénaga, esperanzados en la llegada del gobernador y el gerente para firmar el pliego.

Carlos Cortés Vargas nombrado por el gobierno como jefe civil y militar de Santa Marta considero: "Que la huelga de trabajadores en esta Provincia ha degenerado en asonadas, motines y tumultos que está impidiendo el tráfico de trenes y demás elementos de transporte", con lo cual justificó la publicación por bando del decreto del 5 de diciembre de 1928 que decía:

SE DECRETA

Art. 1o. De conformidad con el Decreto Legislativo número 1 de 5 de diciembre de 1928, ordeno perentoriamente la inmediata disolución de toda reunión mayor de tres individuos;
Art. 2o. Ordénase a la fuerza pública que, con las prevenciones legales, dé estricto cumplimiento a este Decreto, disparando sobre la multitud si fuere el caso;
Art. 3o. Ninguna persona podrá transitar después del toque de retreta.

Ese decreto se publicó con el ánimo de suprimir los actos de "sublevación" de los huelguistas coartando la libertad de exigir sus derechos, y brindando un beneficio a la compañía extranjera, ya que no tendría que responder a las exigencias de los obreros.

Eduardo Mahecha, comentó en una entrevista en 1929 que: durante las últimas horas del 5 de diciembre de 1928 y las primeras del 6 de diciembre de 1928, un grupo de aproximadamente trescientos soldados se enfilaban hacia la estación del ferrocarril en Ciénaga armados con equipos de artillería, llegaron a la una y veinte de la madrugada del día 6 comandados por el general Carlos Cortés Vargas, quien dio la orden del toque de la corneta que conminaba a la inmediata retirada de los huelguistas, pero estos últimos respondieron con arengas no obedeciendo la señal, al segundo toque los soldados apuntaron las armas para el ataque, ante esto los manifestantes no se amedrentaron sino que siguieron lanzando proclamas de "Abajo los traidores y el imperialismo yanqui!". Posteriormente al sonido del último toque de corneta, la multitud unida gritaba un viva a la huelga que fue enmudecida por las balas que venían de parte de los soldados, quienes derramaron la sangre de sus compatriotas en lugar de velar por los derechos y el bien común del pueblo y no por los intereses estadounidenses disfrazados en "inversión económica" para el país.

En el lugar de la masacre no solo se encontraban obreros sino que también estaban allí presentes niños, mujeres y ancianos que fueron alcanzados por las balas.

Según Eduardo Mahecha: "Este fuego mortífero de fusilería y ametralladoras, duró 15 minutos, dando el resultado de la muerte de 207 obreros y 32 heridos."

Luego de ver la cantidad de cadáveres después de las dos de la madrugada del 6 de diciembre los soldados buscaron la manera de ocultar el cuadro espantoso que acababan de realizar. Para esto obligaron a los sobrevivientes a llevar los cuerpos, algunos de ellos aún con vida en camiones y carros de basura para después ser sepultados en fosas comunes, algunas de estas en los cementerios y otras irónicamente cavadas en las plantaciones de la United donde ellos habían trabajado. Los conductores que transportaron las víctimas, al terminar su labor a eso de las cuatro y media fueron asesinados y sepultados en una fosa común. Posteriormente los militares saquearon y asesinaron a más gente en Ciénaga y otras poblaciones cercanas.

Algunos de los sobrevivientes reaccionaron contra las tropas iniciando pequeños combates en poblaciones cercanas como en Río Frío y Orihueca, también en la población de Sevilla se originó una lucha más prolongada de aproximadamente siete horas en las cuales las masas huelguistas se vieron derrotadas por los soldados y norteamericanos al servicio de la United Fruit Co. que los superaban en armamento. Como resultado de ese combate se encontraron heridos y muertos de ambos bandos, algunos de los cadáveres de soldados, policías y oficiales fueron arrojados al río Sevilla, otros fueron enterrados entre las plantaciones con el fin de ocultarlos y no mostrar las bajas del gobierno. Las masas enardecidas levantaron tramos de la red de ferrocarril, picaron las líneas de telégrafo, destruyeron puentes, atacaron comisarías y asaltaron haciendas, hubo saqueos e incendios en Río Frío, Orihuela, Guacamogal y Sevilla y, espantaron las recuas de mulas de carga de la Compañía. Al final de esa persecución sanguinaria y de los encarcelamientos, el gobierno anunciaba, que "había dominado el movimiento revolucionario del Magdalena" y que "la región bananera había vuelto a la tranquilidad". El dirigente Erasmo Coronel murió en los combates de Sevilla.

La masacre de las bananeras dejó como resultado más de mil muertos según una carta de la delegación de los Estados Unidos en Bogotá dirigida al Secretario de Estado Americano, miles de heridos y cientos de huelguistas encarcelados que fueron condenados por un gobierno que los juzgó mediante consejos de guerra sin darles el derecho de defenderse: "nadie sabia de que se les acusaba ni quién los defendería”. Castrillón fue encarcelado y Mahecha logró huir.

Los huelguistas prisioneros fueron desnudados, apaleados, torturados, sometidos al hambre y al frío, colocados en inmundos calabozos y allí sus cuerpos quemados con hierros candentes, y por último al ser transportados a sus prisiones respectivas fueron cargados con cadenas y grillos forjados en los talleres de mecánica de fundición de la United Fruit Company, cuyas marcas ostentaban dichas cadenas.

A pesar de la masacre y la represión posterior implantada por el régimen, los trabajadores del banano no desistieron de su empeño de organizarse y seguir resistiendo, a partir de 1930 vuelven a organizarse en sindicatos mejor estructurados y en 1934 realizaron otra huelga en la cual triunfaron.

El decinero cantó:

Después de la represión
Y muchas muertes causadas
Hacia toda dirección
Comenzó la desbandada
Por senderos y caminos
Escondidos y harapientos
Por los poblados vecinos
Perseguidos y hasta hambrientos
Entre montaña y pantano
Como manadas de pillos
Dicen adiós al banano
Y al oro de sus colmillos1.

Los primeros en denunciar la masacre fueron los diputados del Magdalena Rafael Rovira y Antonio Ganzabales, por eso:

“Solo Rovira habló
De tanta tragedia encima
Con voz dura que llegó
Gasta el alto de la mina”

Para los años cuarenta, todavía se cantaba:

Digamos las cosas buenas
Que esta huela nos dejó
La quema de las colmenas
Y tanta puta que huyó.

Ya no se queman billetes,
Como fue en otra ocasión
De batirse a los machetes
Con razón o sin razón.

Adiós a las borracheras
Al buen trago, al acordeón,
Ahora en las bananeras
Ya no escucha el cumbión”2

A pesar de las derrotas temporales que han sufrido los trabajadores a través de la historia, es importante rescatar la persistencia en la lucha y movilización contra la dominación, la explotación y la opresión, porque eso ha permitido que en momentos de auge revolucionario se puedan lograr mejores condiciones de vida y de trabajo y crear condiciones para pasar de las luchas de resistencia a las luchas por el poder, la democracia y el socialismo. Ese es uno de los principales aprendizajes para el pueblo colombiano en estos 80 años de conmemoración de la huelga y masacre de los trabajadores bananeros.

En el actual régimen fascista autoritario de Alvaro Uribe Vélez, en donde la criminalización y persecución a todas las organizaciones democráticas, patrióticas, progresistas, revolucionarias y comunistas es el pan de cada día, surgen luchas y movilizaciones en contra de las políticas neoliberales, por libertades democráticas y el derecho a un trabajo y vida digna, por soberanía y autodeterminación, como las huelgas realizadas recientemente por los trabajadores de Asonal judicial, los corteros de caña y la Minga Indígena y Popular: Al igual que hace 80 años el gobierno tilda de terroristas estas justas luchas y las reprime militarmente para acallar las justas demandas.

El MODEP llama a todos los obreros, trabajadores, campesinos, estudiantes, sectores barriales y populares, a los demócratas, patriotas, revolucionarios y comunistas, a seguir persistiendo en la movilización y la lucha, trabajando por un proyecto alternativo que recoja las demandas populares y avancemos en la búsqueda y camino de otra Colombia Posible.

1 El oro de sus colmillos, se refería a los dientes de oro de Mahecha.

2Todas las décimas de este escrito provienen de Herrera Soto Abel, Romero Castañeda Rafael. La Zona Bananera del Magdalena, (Historia Léxico)/ Vademecum de poesía popular 1935.

Colombia, Diciembre de 2008
http://modep.org